CRISTO, SALVADOR DEL MUNDO ¡FELIZ NAVIDAD!

Por Brenda Pérez Madrigal

 

Sin ponerle nombre a la religión ni nombres a los cultos o rituales, todos tenemos en nuestro interior una condición espiritual que está esperando ser alimentada.

El creer que hay un Ser Superior fuera de nosotros que está escuchando nuestra plegaria o petición en alguna parte del vasto Universo es nuestra fe en ese Alguien que nos creó en Su magnífica sabiduría.

Quien habla, quien pide, es ese sabio interno instalado en una área desconocida en las fibras más recónditas de nuestra psique, se podría comprender también como esa área interna que nos conecta con nosotros mismos y que establece una natural comunicación con ese Dios o Ser Supremo.

Cercano a la navidad, desde el clima, los animales, y toda la flora silvestre y de ornato, inhalan y exhalan un “sentimiento” de paz y confianza, un sentir semejante al amor. No es para menos una gran parte de habitantes alrededor del mundo creyendo en un mismo suceso: en la llegada y nacimiento del Salvador del Mundo, en un mismo día, en una misma noche.

Y, ¿¡cómo no creer!?, ¿con qué objetivo podríamos pensar en creer lo contrario o quizá obligar a nuestro corazón a permanecer ajeno a tal acontecimiento mundial?

Ha llegado ese estímulo espiritual encarnado, que nos invita a sentir conciencia de un “nosotros”, a sentir amabilidad hacia nuestra misma persona y hacia los que nos rodean, a sentir que en verdad somos capaces de amar y sabernos amados, integrados en una sola persona.

Pidamos pues, por aquellos corazones que requieren de una palabra de aliento: un recordatorio de que el amor nació, y que viene a vivir directamente en nuestra esencia humana para hacernos uno en el amor.

¡FELIZ NAVIDAD!